martes, 18 de diciembre de 2012

¿Miedo o complicidad?

Estamos a pocos meses de cumplir 30 años de democracia ininterrumpida y sin embargo parece que quedan resabios de aquellos años oscuros. Una especie de capa imperceptible de temores rodea al periodismo; Ya sea por miedo a las mafias que circundan al mundo político o por el pánico a perder la fuente de trabajo que les proporciona un empresario, los trabajadores de prensa —generalmente— no preguntan lo que quieren preguntar y no se animan a decir lo que realmente piensan.

Es asqueante ver como se pasean por los programas de televisión y por las radios argentinas un montón de ladrones, estafadores, criminales y corruptos protagonistas de nuestro pasado y presente sin que sean interpelados por los comunicadores de una forma —cuánto menos— digna.

En la mayoría de los casos las preguntas ya contienen la respuesta —para que el invitado asienta o disienta—. Nunca se recuerda el pasado del personaje entrevistado para que no se sienta incómodo. Aunque haya hecho desastres en la función pública se lo trata como a un amigo. El trato cholulo, las sonrisas y el ambiente distendido son el denominador común de los programas políticos en nuestra televisión. Como si la función del periodista fuera simplemente la de presentar al invitado, "tirarle centros" para que se luzca, revisar la planilla de rating y pasar a cobrar.

Ya no alcanza con criticar a los medios manejados por empresarios que solamente utilizan esta importante herramienta con la que cuenta la sociedad, para hacer sus negocios, operar, adoctrinar y extorsionar gobiernos. Hay que señalar la complicidad de la gran mayoría de los comunicadores, que lejos de cumplir con su función de comunicar, se agachan frente al poderoso y aceptan hacer "la vista gorda" ante cualquier inmoralidad con tal de recibir del dueño del multimedio una palmada en el hombro o la felicitación del político garca de turno que les consiguió el puesto en el medio estatal.

¿Tienen miedo de preguntar lo que casi todos nos preguntamos?

No se puede tratar como "señores" a tipos que no controlaron las concesiones ferroviarias y provocaron la muerte de muchos argentinos en diversos accidentes. No se puede tratar como "señores" a los coimeros que en los años noventa entregaron nuestro patrimonio y endeudaron el país al punto de provocar un par de años después de dejar la función pública la mayor crisis de nuestra historia. No se puede tratar como "señores" a los que apañan a los barras bravas, a los que mienten descaradamente mirando a cámara y nos tratan a todos de imbéciles. No se puede tratar como "señores" a los que se cargan al hombro la defensa de un partido político o un gobierno de turno ciegamente sin marcar aunque sea una falla ni a los que se cargan al hombro la defensa de una corporación mediática en igual sentido. No se puede tratar como "señores" a los opositores que van a los medios a denostrar al gobierno de turno sin proponer y tampoco se puede tratar como "señores" a los funcionarios del gobierno cuando no nos dicen la verdad.

La repregunta no existe, ni siquiera cuando el entrevistado está mintiendo descaradamente.

La función del periodista —mas allá de los análisis políticos que pueda hacer en sus editoriales— es la de convertir su voz en la voz de los que no tienen micrófono y necesitan saber qué pasa. Hoy el periodismo está bastante lejos de cumplir esa función. por incapacidad, por cobardía o por conveniencia.