miércoles, 2 de septiembre de 2015

Ya van a ver


De camino a su trabajo en esa roñosa y oscura oficina del estudio contable donde tiene asignada la tediosa y denodada tarea de confeccionar facturas, Oscar piensa en todo aquello que hará cuando logre juntar el suficiente dinero como para no tener que ir a trabajar a esa roñosa y oscura oficina del estudio contable donde tiene asignada la tediosa y denodada tarea de confeccionar facturas.

Ya en la roñosa y oscura oficina del estudio contable, Oscar mira por la ventana y envidia la labor del repartidor del bar de la esquina...

Quién pudiera estar todo el día paseando por la ciudad y cobrar por ir a llevar comida, que además tiene ese olorcito que para qué te voy a contar que ya me acuerdo de las pastas de la abuela que ya se murió hace como cuarenta años pero como que la sigo oliendo. A la comida, no a la abuela, claro.
Y ni que hablar de las chicas, tan sueltitas de cuerpo mostrando el pupo, yendo de trámite en trámite mientras yo acá me cago de calor en esta roñosa y oscura oficina del estudio contable donde tengo asignada la tediosa y denodada tarea de confeccionar facturas.
El premio que me doy en este trabajo miserable es un café asqueroso a las tres de la tarde en la cocina-pasillo donde nos topeteamos el contador, la secretaria, la señora que hace la limpieza y yo. Pero ya van a ver cuando junte la plata suficiente y me pueda ir a ser lo que quiero ser. Un intelectual famoso, de esos que escriben y leen todo el tiempo en lugar de estar confeccionando facturas en una roñosa y oscura oficina de un estudio contable.

Cuando se hacen las cinco de la tarde Oscar junta sus bártulos, sale y apura el paso para alcanzar a tomar el primer colectivo de la hora y a la vez el último en el que no va a morir ahogado por el olor a chivo de los demás pasajeros que salen todos como malón a la misma hora y también apuran el paso para alcanzar a tomar el primer colectivo de la hora, pero no llegan.

El monoambiente lo estaba esperando con su hedor. Oscar llega, entra y abre la ventana que da al contrafrente para ver la pared del otro lado del pulmón del edificio.
Pero qué paisaje la puta madre, ya van a ver cuando me mude a un departamento con balcón al frente, cuando junte el suficiente dinero, cuando no tenga que ir más a trabajar a esa roñosa y oscura oficina del estudio contable donde tengo asignada la tediosa y denodada tarea de confeccionar facturas.

Sentado en el living, comedor, cocina, playroom del monoambiente que bien parece la jaula de un mono en cautiverio, Oscar observa la biblioteca en la que ya tiene unos cien libros.

Voy a empezar a leerlos, apenas pueda juntar el suficiente dinero para dejar de trabajar en esa roñosa y oscura oficina del estudio contable y tenga tiempo suficiente para leer como cien libros y después escribir para convertirme en un intelectual, de esos que leen y escriben todo el tiempo en lugar de estar confeccionando facturas en una roñosa y oscura oficina de un estudio contable. pero antes tengo que lavar la ropa, limpiar y prepararme la comida... y todavía no fui a hacer las compras... y tengo que ver en la tele que está el partido... y nunca me alcanza el tiempo... pero ya van a ver...

Tras completar todas las tareas Oscar se sirve una copa de vino de precio módico y reflexiona:
Ya van a ver el vino que voy a tomar cuando junte el suficiente dinero para no tener que ir a trabajar a esa roñosa y oscura oficina del estudio contable donde tengo asignada la tediosa y denodada tarea de confeccionar facturas... Oscar mira nuevamente la biblioteca durante algunos minutos, queda como hipnotizado y acto seguido, se queda dormido.

Suena el despertador y Oscar se levanta exaltado del sofá, se ducha, se seca, se viste, sale de la jaula de mono y apura el paso, mientras va pensando de camino a esa roñosa y oscura oficina del estudio contable donde tendrá la tediosa y denodada tarea de confeccionar facturas...

Imagen (eleconomistaamerica.com)